Encierro a campo abierto en Villamanrique (Ciudad Real)

     El Sábado 3 de Octubre de 2015, me desplacé hasta la localidad de Villamanrique (Ciudad Real), tras la invitación de Fernando Felguera, para presenciar por primera vez un encierro a campo abierto. Fue durante las fiestas de dicho pueblo y el único encierro de los cinco que se realizó a pie y, como digo, a campo abierto.

            Los encierros de Villamanrique se caracterizan, entre otras cosas, por correrse ganado de las ganaderías que pastan en éste término municipal. De los encierros que componen parte de las fiestas, uno es el que se realiza campo a través desde la finca de donde pertenecen las reses de ese día hasta el pueblo. En éste caso de la vacada de Eugenio Frías.

La jornada comenzó muy temprano. Sobre las 7 de la mañana y junto a Fernando Guerra y Pepe Villegas, donde acompañaban al encierro con un vehículo todo terreno para dar apoyo al equipo de caballistas que iban a componer el encierro, poníamos rumbo hacía la finca “Sabiote” donde pasta la ganadería de Eugenio Frías. Al llegar a la finca, en los exteriores del cortijo, ya había cierto ambiente con aficionados y sus cabalgaduras dispuestos a unirse, algún kilómetro más adelante, junto al grueso del encierro. Una vez dentro del cortijo, y tras los saludos correspondientes, allí estaba Fernando Felguera, mayoral de ésta ganadería y responsable del encierro que estaba apunto de comenzar, tras haber atendido primero al ganado de ésta ganadería, dando las últimas indicaciones para el buen desarrollo del encierro. El equipo de vaqueros que iba a acompañar a la comitiva de bravas y mansos eran, entre otros, Fernando Felguera (mayoral) y Julián “Cove” (vaquero de Eugenio Frías); Fernando Felguera hijo, Miguel Ángel Ramón (el que fuera mayoral de la vacada de Herederos de Luis Frías), Alfonso Patón y tres personas más y que de ellos, uno, es vaquero de la ganadería de Castillo de Montizón, propiedad de Samuel Flores. Siento no acordarme de sus nombres. Pido disculpas.

Una vez  todo dispuesto, sobre las 8 de la mañana, partía la comitiva de bravas, mansos y caballistas rumbo a Villamanrique. El encierro desde un principio, se desarrolló de una manera ordenada y tranquila, gracias al buen hacer del grupo de caballistas encargados del encierro. Se notaba su gran experiencia con el ganado bravo y, en todo momento, lo tuvieron todo bajo control. Conforme avanzaba el encierro, y ya fuera de los límites de la finca “Sabiote”, se iban uniendo más y más aficionados, tanto a caballo, como en vehículos. Aunque el volumen del encierro se fue haciendo considerable, el equipo de vaqueros, encabezado por Fernando Felguera, siguieron manteniendo el control absoluto de la manada. También hay que decir que la gente, tanto los de a caballo como los de los vehículos, tuvieron un buen comportamiento y no molestaron ni entorpecieron en ningún momento la buena marcha del encierro.

Tras cuatro horas de encierro campo a través y, repito, sin ningún contratiempo, sobre las 12 de la mañana la manada se disponía a enfilar la manga de acceso a las calles del pueblo y así comenzar el encierro por las calles de Villamanrique. Pero justo en la misma puerta de la manga, como así se puede observar en las fotografías que a continuación podréis ver, la gente se agolpaba en las vallas que dan, tanto a una de las carreteras de Villamanrique, como a parcelas de casas particulares. La llegada de la manada y de los caballistas, levantó cierto revuelo, ya que la gente llevaba rato esperando la llegada del encierro y se palpaba en el ambiente que la gente tenía ganas de toros. Pero en un segundo, y tras ciertos gritos y algunos movimientos bruscos desde el otro lado de las vallas, hicieron que las seis vacas que componían la manada de bravas se detuvieran en seco. En un visto y no visto se dieron la vuelta y arrancaron veloces otra vez a campo abierto, originando algunos momentos de apuros entre los caballistas ya que no se esperaban ésta reacción tras la buena marcha que había llevado el encierro desde el minuto uno. Por suerte, sin grandes consecuencias.

El grupo de vaqueros encargados del encierro, y a la cabeza Fernando Felguera, arrearon a los bueyes y a sus cabalgaduras para intentar alcanzar a las seis vacas y reconducir de nuevo el encierro, perdiéndose en el horizonte. La frenética carrera fue en vano, ya que fue imposible poder parar a las reses. Así pues, y tras varios intentos, se recogieron los bueyes y se partió camino al pueblo para llevarlos a los corrales y dejarlos preparados para por la tarde. Fue una verdadera pena que, tras la gran labor realizada por éste extraordinario equipo de caballistas durante las cuatro horas que duró el encierro, y por razones ajenas a ellos, no pudiera terminar como todos hubieran deseado éste magnífico encierro a campo abierto. Así lo reconoció la gente al paso por la manga de acceso al pueblo de caballistas con los bueyes, dándoles una gran ovación. Como acertadamente dijo un hombre al paso de los caballistas “Vosotros habéis cumplido de maravilla con vuestro trabajo… ¡Enhorabuena! El ganado bravo es así…”

Como la experiencia es un grado, y los que conocen de sobra lo que es el ganado bravo saben que cualquier cosa puede pasar, Fernando Felguera, mayoral de Eugenio Frías, tenía dispuestas otras seis vacas en la finca “Sabiote” para ser utilizadas en caso de emergencia. Así pues, y tras ser encerrados y embarcados algunos bueyes en el camión, nos pusimos rumbo a la finca para embarcar las seis vacas que allí aguardaban. Con un orden envidiable, sin perder un segundo, pero con la tranquilidad con la que hay que mover al ganado bravo, Fernando Felguera, padre e hijo, Julián, vaquero de la casa de Eugenio Frías y Miguel Ángel Ramón reagruparon a las vacas y las enfilaron por la manga dirección al embarcadero. Mientras maniobraba el camión, se fueron separando las vacas. Fernando Felguera, iba dando instrucciones a su gente para el buen desarrollo de la operación, que concluyó de manera rápida y sin ningún incidente.

Nos pusimos de nuevo rumbo al pueblo para desembarcar en los corrales a las seis vacas que por la tarde darían un gran juego, tanto en las calles como en la plaza. Se desembarcaron sin problemas y ahí quedaron aguardando el momento en que se les dio suelta. Casi sin tiempo para comer, y como se suele decir “con el bocado en la boca”, a su hora en punto, éste grupo de vaqueros y mayorales se repartieron estratégicamente por parejas en varios puntos del encierro por las calles, para dar apoyo y que todo se realizara de la mejor manera posible. Otros dos se situaron en los corrales y, tras los cohetes de aviso correspondientes, se le dio suelta a las seis vacas. Como digo, las reses se soltaron a su hora dando un gran juego. Las vacas de Eugenio Frías resultaron muy bravas. Fui testigo, tras encerrar las vacas una vez finalizado el encierro, como la gente daba la enhorabuena a Fernando y Julián, equipo de trabajo de Eugenio Frías, por el gran juego de las vacas.

Tras acabar el encierro, casi anocheciendo, se cargaron las reses en el camión y pusieron rumbo a la finca “Sabiote” y se puso punto y final a un gran día, que para mí fue algo muy especial por todos los grandes momentos vividos.

Las vacas que componían el encierro a campo abierto y que, como he explicado anteriormente, no llegaron a correr el encierro, fueron recogidas y llevadas a la finca “Sabiote” en un par de días, por Fernando Felguera y Julián “Cove” tras una gran labor de búsqueda.

Dejando el tema del encierro aparte y para finalizar, quiero resaltar y agradecer de una manera muy significativa, el gran trato personal recibido por parte de Fernando Felguera, padre e hijo, y de su familia, que me abrieron las puertas de su casa y me hicieron sentir en ella como en la mía propia; y a Pepe Villegas, Fernando Guerra, Julián “Cove” y Miguel Ángel Ramón que en todo momento estuvieron pendientes en cada detalle conmigo, me acogieron como uno más y me hicieron participe en todo momento y a cada momento de todo lo que iba sucediendo. Para mí fue un gran día de toros, pero por encima de todo, fue un auténtico placer haber compartido toda una jornada con éstas maravillosas personas. Mil gracias por todo.

Las fotografías que a continuación podéis ver, no son todo lo buenas que yo hubiera querido. Durante el encierro, lo nublado del día, cierta niebla, el polvo al paso del ganado y la lluvia en algunos momentos, hicieron que en muchos casos hacer fotografías fuera algo difícil. Aun así, espero que os gusten.

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